“Fortalecer el partido revolucionario de la clase obrera”, de Jorge Rocha

El trabajo de Jorge Rocha en que se basa este libro contiene análisis y reflexiones basados en una larga práctica al frente de la labor de Organización del PCR, del que fue uno de los principales fundadores luego de haber encabezado la ruptura de la FJC con el PC en septiembre de 1967. Asumió la responsabilidad de Secretario de Organización nacional desde fines de 1969 –al terminar su mandato como presidente de la Federación Universitaria Argentina durante 1968 y 1969− hasta su sorpresiva enfermedad y su muerte el 2 de septiembre de 2008.

El libro que presentamos está realizado sobre la base del trabajo redactado por Jorge Rocha entre fines de 1989 y abril de 1990, presentado al Comité Central (CC) del PCR –ya abierto el período del Sexto Congreso Nacional que se realizaría en julio de ese año– para su aprobación como Tesis de discusión del Sexto Congreso, con el título: “Un requerimiento revolucionario actual. Fortalecer al PCR. Problemas de organización”. El mismo se aprobó en el CC previo con ese carácter de Tesis, pero no fue discutido en el transcurso del Congreso “por falta de tiempo”, según se informó. Por tanto no tuvo la posibilidad de formar parte de los documentos aprobados por el 6° Congreso. Por lo que en general su contenido fue y es desconocido.

Para la publicación de este libro, los editores eliminamos todos los temas que hacían a la vida orgánica del PCR, balances pormenorizados por lugares, que hemos marcado con puntos suspensivos entre paréntesis. Hemos mantenido lo que consideramos son los fundamentos teóricos y organizativos del partido político, núcleo de su trabajo, que publicamos textualmente. La elaboración que publicamos tiene una gran importancia para el desarrollo de nuestro partido, nacido a su vez de la ruptura con el PCR a fines de 2012, luego de una prolongada lucha contra el revisionismo teórico y el oportunismo político que avanzaban en su seno y finalmente lo llevaron a un cambio de su carácter de clase. Las mismas razones por las que la FJC rompió con el PC en 1967 y a las que Jorge Rocha se refiere en este libro.

El texto fue elaborado poco después de la caída del Muro de Berlín de 1989, y luego de 11 años de la derrota de la Revolución China y el consecuente desarrollo del capitalismo y el imperialismo, y donde se acababa de producir la masacre de Tienanmen. Estos temas son analizados, al igual que el nefasto papel jugado por el socialimperialismo ruso, la confusión interesada sobre su verdadero carácter, así como sobre las causas reales de de su debilitamiento cada vez mayor. Por lo que los pueblos del mundo y los revolucionarios se encontraban en una difícil situación, al ser mostradas todas esas lacras “como las propias del socialismo”.

Es elaborado también pocos meses después del triunfo de Menem en las elecciones presidenciales del 14 de mayo de 1989, y de la campaña del Frejupo, frente electoral en el que participó el PCR-PTP junto a otras organizaciones políticas, además del PJ. Sobre este punto, señala que el balance de la campaña electoral realizado en muchos lugares fue positivo, en particular en aquellos en que se lograron conformar Comités de Apoyo y difundir el Programa del Frejupo, aprobado por todos los partidos que lo conformaban; como también señala que esa preocupación no fue en muchos lugares una preocupación central. En algunas empresas industriales con gran concentración obrera –enfatiza–, donde la organización de tales Comités de Apoyo cobraban una enorme significación, y se lograron constituir, el balance incluso fue muy positivo.

“Al mismo tiempo –analizaba–, es un hecho que se han desarrollado ideas que subestiman nuestro crecimiento orgánico y que menosprecian los diversos problemas organizativos que enfrenta nuestro partido, unilateralizando así nuestro camino principal de acumulación de fuerzas revolucionarias en el período actual… Máxime en un momento difícil –dirá–, por cuanto luego de fines de mayo de 1989 el enemigo contraatacó y, también, porque la política que se trazó Menem si bien con forcejeos, significó una política de grandes concesiones, contraria a la prometida durante la campaña electoral, que sorprendió y desorientó a las fuerzas triunfantes el 14 de mayo”.

Por eso señala de inicio: “La imponente oleada revisionista nos exige, también, intensificar la lucha ideológica en relación a uno de sus blancos principales: la teoría leninista del partido revolucionario de la clase obrera.

“Para resolver los diversos problemas organizativos planteados debemos encarar específicamen¬te, al mismo tiempo, una sostenida lucha contra diversas tendencias oportunistas en materia de organización y por rectificar nuestro estilo de trabajo. Por cuanto existe en muchas organizaciones, como señala el Informe del CC, un gran sectarismo tanto para el reclutamiento como para la asimilación de los nuevos afiliados. Y porque al calor del combate contra el doctrinarismo estéril y paralizante ha crecido en el Partido un oportunismo sindicalista, de esencia reformista, que considera que el crecimiento será un producto espontáneo de la lucha y del movimiento de masas. O la teoría de la autoliberación de las masas de una manera basista, anarquista, no marxista, independientemente de la existencia de una organización revolucionaria de vanguardia, necesariamente minoritaria aunque sea de masas. Estas concepciones, a las que tenemos que dar batalla en particular, están relacionadas de fondo con el debate sobre el tipo de revolución que planteamos y con nuestra línea de hegemonía proletaria, insurreccional, para conquistar el triunfo en la Revolución democrática, agraria y antiimperialista en marcha ininterrumpida al socialismo, que requiere nuestra patria”.

De allí la importancia que otorgaba a la discusión y publicación de su trabajo.

Jorge Rocha jugó un papel fundamental en incorporar los grandes aportes de Mao Tse-tung y el maoísmo a la teoría marxista-leninista, alrededor de lo cual existía una gran lucha en el PCR, que lo tenía como protagonista. Al regresar de su primer viaje al frente de la delegación a la República Popular China en 1973, encabezó en particular la lucha contra la teoría del capitalismo dependiente que predominaba aún en el PCR, con todas sus implicancias; definiéndose claramente el carácter de país oprimido por el imperialismo de la Argentina, las particularidades en esas condiciones de su desarrollo capitalista, las características del Estado oligárquico imperialista de nuestro país, las alianzas imprescindibles que debe desarrollar el proletariado, el carácter de la revolución, y en definitiva la defensa plena de la vigencia de la teoría marxista-leninista del imperialismo en todos sus aspectos. Posición que triunfó en el PCR en su Tercer Congreso Nacional, en marzo de 1974, cuando en éste se adoptó, además, el marxismo-leninismo-maoísmo como su base teórica.

Desde entonces, y en la propia discusión previa, se desarrolló en el seno del PCR, en relación a la concepción del frente único en un país oprimido por el imperialismo y en disputa entre diversas potencias ( y que tienen sus respectivos sectores asociados subordinados local, las clases terrateniente y de burguesía intermediaria), la polémica con quienes −afirmando luchar contra la teoría del capitalismo dependiente− concebían el frente único contra el “enemigo principal” (como lo llamábamos entonces) con la participación de los sectores proimperialistas y proterratenientes que se subordinaban a otros imperialismos, y por tanto no eran parte del pueblo. La misma sufrió según los momentos diversos altibajos, agudizándose y ganando la dirección del PCR en los últimos años, hasta nuestra obligada ruptura. Por eso en su Discurso en el Luna Park de abril de 2008, que también publicamos en este libro, Jorge Rocha señala:

“Y esto, compañeros, lo hacemos conscientes de que es necesario, en una estrategia revolucionaria del proletariado, utilizar las contradicciones interimperialistas en camino hacia el triunfo. Pero una cosa es utilizar las contradicciones interimperialistas para la causa revolucionaria, y otra es negarlas o negar su carácter. Porque si las negamos y ocultamos su carácter, más allá de las palabras seremos esclavos y seremos miserablemente hundidos por esta lucha interimperialista, y nos apartaremos de defender incondicionalmente los intereses de la clase obrera y el pueblo”.

En el libro se detiene especialmente en los aportes de Lenin a la teoría del Partido, y más tarde a los diversos aportes de Mao Tse-tung a la teoría leninista de Partido (y muy en particular a la Revolución Cultural Proletaria), así como en los intentos de contraponer a ambos. Y en la insistencia de los dos líderes teóricos y revolucionarios de la importancia de integrar la teoría revolucionaria –que es científica− con la práctica de cada país, los cambios acaecidos, etc. De no copiar experiencias sino estudiar las condiciones particulares de cada país y de cada momento.

Tiene una importancia especial su filosa polémica con José Aricó, uno de los máximos exponentes del revisionismo local, que en los 60 se pretendía “maoísta”, en relación a la Revolución Cultural Proletaria, a su pretendido carácter espontáneo, y al papel de “degeneración” que obligadamente produce la organización del partido. Tesis que no es de su autoría sino utilizada profusamente por todos los enemigos de la revolución. Posición que Jorge Rocha destroza.

Sólo podemos terminar este comentario señalando la enorme importancia de este trabajo, y la necesidad de su minucioso estudio.

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